Back to Index

The Civil War in Sigüenza: Report by Ana María Eccles



     Le pedí a Ana María Eccles que nos contara algo sobre sus experiencias en Sigüenza durante la Guerra Civil. Me contestó:
     "No he escrito nada sobre mis experiencias puesto que, habiendo nacido en noviembre 30 del 1930, tenía 5 años y medio, y sólo me vienen retazos de cosas terribles vistas y oídas, pero no me han afectado negativamente en absoluto. Por ejemplo, a papá le hicieron administrador del hospital ad hoc de sangre (que era el Colegio de Infantes) después de la terrible batalla de Guadalajara donde tantos italianos cayeron. Creo que vivimos allí una temporada, y recuerdo ver una pierna gangrenada amputada en un cubo y escuchar a otro herido con la cara destrozada decir: "amona, acoca" es decir "hermana, agua." Tambien oir llorar y llamar a sus madres a los pobres italianos.
     Otro incidente de esa época. Mi padre vió un grupo de republicanos (los rojos) llevados hacia el paredón y se apercibió que uno era extranjero sin apenas hablar español. Intercedió para indagar y consiguió salvarlo y se lo trajo a casa. Se llamaba Narriman y me enseñó cantares in hindú.
     Otro retazo. En unas andas de la procesion de Semana Santa. un grupo de milicianas vestidas con "mono" gritando:"hijos si, maridos no" y un hombre con la cara tiznada de negro y un paraguas que creo representaba a Negus llevando en sus manos el cáliz y tirando obleas. Ohora se me ocurre pensar en la frase comun de: "repartiendo hostias".
     Ese verano mi papá se lo pasó escondido en la leñera o carbonera de la casa porque todas las noches a alguien de la clase media o intelectual le daban "el paseíllo." Al obispo le metieron las medallas por los ojos le cortaron partes de algún miembro y le rociaron con gasolina (cuanto odio reconcentrado hacia el clero). La tapia del cementerio aun se ve acribillada a balazos. Esto lo aprendí después, pues no sé cuanto horror podría haber asimilado. Sí recuerdo haber estado en el sótano con las niñas de un colegio madrileño que veraneaban. Las monjas se quitaron las tocas y se vistieron de seglares. Bombas incendiarias cayeron a nuestro alrededor. Los nacionales habian estado tirando folletos por avión. Una mañana, cuando los chicos estaban jugando en el patio de la catedral, llegaron los aviones y tiraban algo que brillaba. Era el primer bombardeo. Federico de 11 años quedó con las tripas fuera y se arrastró por la entrada de servicio de mi casa y allí su abuela le dijo: "reza, hijo" y murió. Yo estaba fascinada por mucho tiempo al ver la sangre dejada por sus manos en la pared.
     Otra cosa interesante. Richard, un alemán de 18 años se encargó de mí y, en cuanto sonaba la sirena, me llevaba en brazos al refugio. Me llamaba su puppet; luego mandó tarjetas por un año y despues ...silencio.
     La catedral quedó destrozada con los bombardeos, un tanque estaba dentro y había levantado las losas/lapidas donde estaban enterrados obispos. Pues bien, yo me escapaba a jugar con mi hermano Javier dos años mayor que yo, nos subíamos al tanque. Algunos tocaban las calaveras y horror... jugábamos y rompíamos esos libros iluminados de pergamino. Sabíamos donde había cajetillas de metal de cigarrillos alemanes con las cara de algún nazi en una esquina, un montón de chocolatinas y hasta azúcar: "la pilon" decían los moros cuando nos daban te azucarado.
     Cuando oraban en el patio de la catedral, todos los chiquillos nos poníamos detrás y los imitábamos aprendiendo de una manera "macarrónica" sus cantos a Alá. Jugábamos con pólvora y con unos botes de (dinamita?). En fin, como era verano, sin colegio y el país en caos......ancha es Castilla.
     Todo esto lo tengo en los recovecos de mi mente y tal vez sin cronología pero, como decía antes, no estoy afectada. Todo es relativo. Yo he sido una niña querida y mimada por mis padres, especialmente papá y al estar protegida en el hogar el resto era como algo irreal... O es que los castellanos somos duros y podemos soportar grandes vicisitudes. Oh well."


     Como dije en el posting anterior, estudié los mapas de la Guerra Civil, y vi que Sigüenza estaba en la línea entre republicanos y nacionalistas. Por lo que dice Ana María, parece haber cambiado de manos. Los republicanos habían adoptado en 1934 como propaganda la frase "Los moros en Covadonga." Parece que durante la Guerra Civil había moros en Sigüenza.

Ronald Hilton - 3/8/00


Webmaster